miércoles, 13 de junio de 2012

Prohibidos y profundos.

Nada de lo que escriba podría acercarse al rastro de huellas que dejas al caminar
que como maravilla
te encuentras en la primera posición
que los juegos debajo de la mesa están bien
pero yo quiero entrar en casa y perfilar
una y otra vez, tu silueta
dejarme llevar por el instinto, saborear
arañar, empapar, acelerar
recorrer, besar
perderme en el pentagrama de respiraciones entrecortadas
de piernas infinitamente largas
de prohibidos y profundos
de labios que averiguan y manos que desnudan


La impaciencia de tus dedos se refleja en el ruido
que hacen los botones de mi camisa al caer
después de arrancarlos
en los últimos descansos antes de comenzar el juego
en una melodía que inauguran mis tobillos


Haré de ti poesía, una vez más
y llegará el momento en el que no tengas ni voz
mientras acompañas a mis ojos al borde del abismo
y mueras 
una y otra vez
en el apéndice de sonrisas, miradas y palabras
de esas que me vuelven loca
y me hacen correr a abrazarte, no soltarte
y susurrarte cosas como 
"yo te siento temblar contra mí 
como una luna en el agua".

miércoles, 6 de junio de 2012

Arránqueme la ropa.

Podríamos pasarnos la tarde buscándonos el crujir de nuestra piel
divagando en bucle sobre sonrisas y naufragios
pero tú prefieres dibujarme besos en folios
los repartes
por cada centímetro eterno de mi ser
sacándome a bailar, gritar y gemir
porque sí
te encanta mi vestido azul mientras gira 
pero más mientras cae.

Pierdo la cabeza si me dices que es poesía
lo que hace deslizarse
una y otra vez
la ropa por nuestros cuerpos
que las caricias se prometen sábanas
que las sábanas se enganchan al cielo
que despacito
como si fuera a pararse el tiempo en un dulce murmullo
elevas la altura
te ahogas en mis pensamientos
te apresuras despacio
y un beso urgente en el silencio decora la tarde.

Haces que pierda por un momento
y hasta continuamente
los papeles y la ropa, siempre la ropa.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Que junto a tu boca, sonría tu alma.

No se trata de envejecer o rejuvenecer. Se trata de vivir, de firmar en el libro de visitas de la vida. Verte con 80 años, echar la vista atrás y sentir que has vivido verdaderamente. Que con 16 hiciste la mayor locura de tu adolescencia, con 17 quisiste y con 19 odiaste. Con 21 viviste. Y todo lo que queda. Sonreír, se trata de sonreírle a la vida, con lo que venga, coger de la mano y sentirte viva, tirarte de cabeza para besar unos labios que susurran tu nombre. Que se te haga polvo la garganta en el concierto de tu vida, que te duelan los pies de tanto bailar, la tripa de tanto reír, los ojos de tanto mirar. Ver, se trata de ver; no perderte ni un momento de tu vida, fotografías mentales que te acompañen en los interminables viajes que nos separan a los unos de los otros. Supongo que de alguna manera necesitamos encontrar un hogar, algo a lo que ponerle nuestro nombre, nuestro espacio, nuestra esencia. No olvidar, sobre todo no olvidar, aunque duela de una manera inconcebible. No olvidar lo que fuiste y los que fueron a tu alrededor. Ser aprendiz de momentos, aprender a MORIR O MATAR. Decidir. 


Rebuscar en los bolsillos de los pantalones viejos y encontrar la noche y el día quitándose la ropa; caricaturas de momentos tatuados con tinta a color, porque las mejores sensaciones se sienten en amarillo, verde, rojo y morado. Tener en cuenta las victorias y los fracasos, la imperceptibilidad de algunas miradas, la inaprensibilidad de muchas palabras, la invisibilidad de ciertas caricias. Los eternos besos, los inmortales abrazos, las infinitas ganas de amanecer entre sábanas decoradas con gemidos y arañazos. La perfección del sexo. La insuperable imagen de dos cuerpos entrelazados. La sensación de vivir y morir a la vez; de subir al cielo, de caer entre brazos ajenos que dibujen los lunares de tu cuerpo, de cerrar los ojos... y sentirte viva. Desprender amor. En realidad, echar la vista atrás y sentir que, además de tu cuerpo, ha sido tu alma quien ha creído renacer una y otra vez en cientos de ocasiones.


martes, 1 de mayo de 2012

Cada día me siento más cerca de ti.

La nostalgia puede llegar a ser bella de la tristeza que abarca, es como un perro que te pide que le saques de paseo, es como un cigarro que se queda en standby de por vida. Pero entonces abro la puerta, y ahí estás tú. La dictadura de la primavera en tu piel, el calor de mi invierno, las mariposas del otoño y el verano de nuestra vida. Cada día me siento más cerca de ti. Escribes en un post-it que "el día que duermo contigo no hay estrellas en el cielo porque están todas en nuestra cama", yo creo que la noche es más bonita cuando pasamos de inviernos sin calefacción a piernas entrelazadas que mueren por hacerse cosquillas. Me incorporo y te digo aquello que llevaba un tiempo queriéndote decir, esas cosas sencillas que cualquiera diría en 40 segundos, y yo necesito 3 minutos. 

Te das la vuelta, sonríes mientras cierras poco a poco los ojos y me dices: "Ojalá este momento no terminara nunca, se convirtiera en un bucle sin final, en una espiral que desprende amor, en una pregunta en el estómago de la que únicamente sólo sabes tú la respuesta. Estos últimos 3 minutos se han convertido en el mejor momento de mi vida."

La cama parece más bonita, las sábanas más suaves y la luz que entra por la ventana tiene cada vez más vida. Duermes mientras sonríes y yo te hago una foto para no olvidar jamás este momento, me acerco despacio, me tumbo a tu lado y antes de susurrarte que tequiero te lanzas a mi boca como si fuera el último segundo de nuestras vidas. La luz que entraba por la ventana nos cubre, la cama tiembla y las sábanas, como de costumbre, terminan por el suelo.

lunes, 23 de abril de 2012

Flores y libros.

Y entonces dijo:
- "Con una flor y un buen libro me has enamorado".
Al día siguiente, después de una llamada, me enteré que sus flores preferidas eran las peonías. Me puse lo primero que pillé del armario y me acerqué a la librería más cercana. Salí en busca de Julio Cortázar. Pensé que ojalá leyera entre líneas un "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos", pensé que ojalá lo leyera pronto y me preguntara por qué ese libro. Me presenté en su casa con el desayuno, la peonía más bonita que encontré, un libro y una sonrisa nerviosa que hablaba por mi. Me podían los nervios, e inexplicablemente, cuando eso pasa me tiembla algo alrededor del ojo izquierdo. Mientras esos segundos para mi eran un mundo y no sabía muy bien dónde meterme, me miraba sonriendo, inmóvil, desprendiendo, como siempre, tranquilidad, en calma. Se acercó, me abrazó y me susurró al oído: "esa flor, a pesar de todo, no es lo más bonito que hay aquí ahora". Pasamos del más puro romanticismo a la pasión más salvaje. La flor, desde el suelo, fue testigo de cómo la poesía es un secreto de adultos.

"Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua."

martes, 27 de marzo de 2012

miércoles, 14 de marzo de 2012

Haré de ti poesía.

Me gusta que me mires como lo haces cuando hago el primer café de la mañana, tomarlo en la cama mientras el sol y la sombra se debaten en tu cuerpo por las rendijas de la persiana. Me gusta ver cómo sonríes mientras calientas tus manos alrededor de tu taza favorita. Tus pequeños detalles. Mis mejores sonrisas. Me perderé en el pacto de tu boca y la mía, haré de ti poesía mientras tú sacas los acordes de nuestras piernas enredadas. Desabrochas los botones de mi alma, me arrancas un gemido con final feliz. Jugar en tu ombligo, subirnos al ático mientras vemos amanecer, sentir que el corazón se me sale por la boca. Cierro los ojos muy fuerte para que ese momento no se vaya jamás de mi memoria, sonrío, y sellamos la puesta de sol con un beso tan eterno como la infinidad de un momento vivido.

jueves, 8 de marzo de 2012

Tú, poesía.

Desayunar en nuestra cama. Enamorarme de tu espalda. Me buscas las cosquillas en cada rincón de mi cuerpo. Te busco la felicidad en cada poro de tu piel. Y allí estamos tú y yo, recitando prosa y narrando poesía con el lenguaje de las manos.